Conferencia del episcopado dominicano mensaje 27 de febrero 2017
ADOLESCENTES Y JÓVENES EN LA REALIDAD DOMINICANA Introducción

1. Como pastores, al celebrar el 173 aniversario de la fiesta de la Independencia Nacional, queremos dirigir una palabra a la sociedad dominicana: a nuestras comunidades, a las familias, y especialmente a los adolescentes y jóvenes.

Queremos compartir con todos algunas inquietudes sobre la realidad de los adolescentes y jóvenes. Nos motiva el testimonio de nuestros jóvenes independentistas quienes miraron la realidad con nuevos ojos y, con ánimo firme y llenos de esperanza, se decidieron a formarse, a participar y a organizarse en la sociedad de la Trinitaria. Lo que ellos hicieron ayer les toca realizarlo ahora a nuestros adolescentes y jóvenes, formándose y participando en la construcción de una República Dominicana de todos y para todos.

1.   La realidad de nuestros adolescentes y jóvenes

2.   Somos un pueblo con una gran población de adolescentes y jóvenes que suman el 36.3% (3, 674, 069) de la población dominicana, en las edades que oscilan de 10-29 años1. En ellos descubrimos muchos valores que nos llenan de alegría y de esperanza, entre los que destacamos:

a)   Deseo de superarse a través del estudio, como lo demuestra la gran cantidad de estudiantes que acuden a los centros educativos primarios, secundarios y universitarios.

b)   El espíritu alegre que los lleva a disfrutar la música, la fiesta y a crear un ambiente gozoso aún en medio de las dificultades y precariedades de nuestro pueblo.

c)   La disposición a reunirse, a encontrarse, a pasear y a divertirse juntos, valorando la amistad entre ellos.

d)   Muchos jóvenes son trabajadores en sus hogares y en empleos formales e informales, con gran creatividad, emprendedurismo e iniciativas propias.

e)   Nuestros jóvenes, en su mayoría, son generosos y solidarios en sus comunidades y sectores, participando activamente en acciones de desarrollo comunitario, en la reforestación, en las protestas a favor de la justicia, en las emergencias provocadas por las inundaciones y otras causas.

f)   Numerosos jóvenes buscan al Señor en la Iglesia y en otras Comunidades Cristianas con amor y entusiasmo, integrándose en los grupos juveniles, en comunidades, en los coros, en la catequesis, en la liturgia, en el servicio social...

g) Las vocaciones de los jóvenes al ministerio sacerdotal y a la Vida Consagrada ha crecido en nuestro país, así como la vocación a los diferentes ministerios y servicios laicales, y en el ámbito social se han ido formando en diferentes profesiones y oficios.

h) A pesar de las desigualdades sociales, económicas y culturales que existen entre nosotros, un número elevado de familias apoyan a sus hijos en sus estudios, y en su desarrollo humano y cristiano, aún en medio de grandes precariedades.

3. Constatamos, también, con tristeza y preocupación, la realidad dolorosa que marca la vida de muchos de nuestros adolescentes y jóvenes que les impide desarrollarse y realizar la vocación a la que Dios los ha llamado. Señalamos las siguientes situaciones:

a)   Un gran número de adolescentes y jóvenes nacen y crecen en hogares disfuncionales, sin una figura paterna o materna que los guíe, con alto nivel de agresividad, faltos de cariño y de modelos que los impulsen a vivir los valores humanos y cristianos auténticos.

b)   La realidad de la pobreza que azota al 40% de los hogares dominicanos, crea grandes desigualdades y escasas oportunidades para estudiar y progresar en la vida.

c)   La carencia de líderes sociales y políticos que sirvan al pueblo en vez de lucrarse de los bienes comunes de la nación y que hacen de la corrupción un modo de vivir y de escalar una posición en la vida, sin ninguna condena judicial, creando una cultura del más vivo y del sálvese quien y como pueda.

d)   Nuestros jóvenes encuentran pocos espacios de diversión sana donde recrearse y, por el contrario, se les ofrece la droga, los juegos ilícitos, el sexo fácil a edad temprana, la pornografía, la prostitución; cosas que tristemente cautivan a muchos y los llevan a la destrucción de sus vidas.

e)   Crece el número de jóvenes desempleados, alcanzando el 28.7% de los que están en las edades de los 15 a los 24 años2. Esta situación impide que puedan continuar sus estudios en los centros de educación superior, lo que conduce a frustraciones y los hace presa fácil para buscar el dinero rápido en negocios sucios o a caer en la delincuencia. A esto se añade que el 19.7% de jóvenes entre 15 y 24 años de edad no estudian ni trabajan, pasando a ser el grupo de los Ni-Ni3.

f)   Es alarmante que adolescentes y jóvenes se vean cada vez más envueltos en actos de violencia, atracos, asaltos, homicidios y todo tipo de delincuencia, impulsados por el consumo y tráfico de droga y el ideal de un enriquecimiento fácil, teniendo como paradigma a políticos corruptos y narcotraficantes.

g) Existe una ausencia de orientación vocacional para nuestros jóvenes a la hora de elegir su profesión, oficio y estado de vida. Se prefieren carreras lucrativas, pero no técnicas. Muchas veces, la educación que se les ofrece no los lleva a una inserción laboral ni a enfrentar la vida.

h) Muchos jóvenes están atrapados en el mal uso de los medios de comunicación social, de las redes sociales, del celular y del mundo digital hasta aislarse perdiendo la comunicación consigo mismos y con sus familiares, destruyendo los lazos fraternos con quienes están cerca.

i) Crece entre los jóvenes el número de los que se declaran sin ninguna religión y que no participan de ningún acto de fe, o por el contrario se inscriben en grupos espiritistas, esotéricos o sincretistas. Sin duda, que ellos son víctima fácil de las grandes tendencias ideológicas actuales que perciben en el comportamiento de los adultos y de los medios de comunicación social, tales como el individualismo, el materialismo, el consumismo, el relativismo y la ideología de género.

II.  Hagamos una opción por los adolescentes y jóvenes

4. Después de haber visto la realidad de nuestros adoles¬centes y jóvenes, invitamos a las familias, la sociedad, las autoridades y a toda la Iglesia, a que hagamos una opción preferencial por nuestros adolescentes y jóvenes. El acompañamiento, el sentido de familia, la calidad de la educación, los sabios principios de la Biblia, la comu¬nidad cristiana y la sociedad serán imprescindibles para que nuestros adolescentes y jóvenes puedan asumir res¬ponsablemente la vida como una llamada y como una misión.

a)  A las familias

5.   Padres y madres y tutores sean modelo positivo para los adolescentes y jóvenes; pónganse en su lugar; escúchenlos con paciencia y comprensión; valórenlos; confíen en ellos; estén abiertos; aprendan a compartir con ellos; apoyen sus iniciativas y actividades. Reconozcan los cambios que ellos experimentan y atraviesan, propio de su edad. Sean sus primeros educadores sexuales y oriéntenlos conforme a nobles ideales. Tengan reglas claras y precisas en sus hogares y aplíquenlas con disciplina y amor.

6.   Exhortamos también a los abuelos, a los tíos y familiares cercanos, a no sobreproteger, y a ayudar en la orientación de los adolescentes y jóvenes, dándoles ejemplo de buen comportamiento y enseñándoles sana doctrina y principios éticos y morales.

7.   Colaboremos con ellos en la configuración de su propia personalidad, en su proyecto de vida, ayudándolos a desarrollar sus cualidades y aptitudes, a superar los defectos y complejos y a tomar decisiones correctas ante la vida. Respeten la vocación que Dios les regala a sus hijos, acompañándolos en su discernimiento y apoyándolos con todos los medios posibles para que se realicen plenamente.

b)  A la Sociedad, y sus autoridades

8.   Exhortamos a nuestros funcionarios y políticos a que actúen con honestidad, pulcritud administrativa y transparencia, con principios éticos y morales, apegados a la Ley y a la Constitución de la República, de modo que puedan ser modelos referenciales a nuestros adolescentes y jóvenes.

9.   Sugerimos al Estado, desde el gobierno y los ayuntamientos locales, prestar todo tipo de atención a los adolescentes y jóvenes, fortaleciendo el sistema educativo, creando escuelas vocacionales de carreras técnicas y de oficios. Proponemos implementar proyectos de aprovechamiento del tiempo de ocio de los estudiantes en los períodos vacacionales, en los cuales los jóvenes, además de aportar con un servicio social, puedan percibir un pago modesto por su trabajo de verano. Se pueden propiciar, por ejemplo, programas de limpieza de parques, playas, centros comunitarios, escuelas, hospitales, centros deportivos, aceras y contenes, reforestación en las cuencas de los ríos, entre otros.

10.   Proponemos se les ofrezca a los adolescentes y jóvenes espacios públicos recreativos adecuados para que ellos puedan realizar y disfrutar de actividades deportivas y culturales que aporten al desarrollo integral de la persona.

11.   Garanticemos que el ambiente en que se desarrollen los adolescentes y jóvenes, en los barrios y comunidades, esté libre de contaminación acústica y de basura que ponga en peligro su salud. Promovamos una educación que valore y cuide la naturaleza, donde ellos aprendan a proteger el ambiente en el que vivimos.

12.   Pedimos que los espectáculos públicos y los contenidos de la Internet sean supervisados y se apliquen los controles requeridos a todo lo que atente contra las buenas costumbres, los valores de la familia y nuestras leyes; además, que las emisoras de radio o televisión transmitan programas con finalidad educativa, artística, cultural y de prevención de la violencia.

13.   Luchemos por políticas y programas de prevención contra el uso ilícito de sustancias alcohólicas, estupefacientes y sicotrópicas.

14.   Presentémosles a nuestros adolescentes y jóvenes una sociedad donde se incentive el ahorro y no una sociedad invadida por juegos de azar, con más de 28,000 bancas de loterías autorizadas por el gobierno, propiedades de reconocidos señores, que incluso ocupan altas funciones en el Estado, sin tomar en cuenta el daño que hacen a la sociedad.

15.   Esperamos que el Ministerio de la Juventud realice más proyectos que contribuyan al desarrollo de nuestros adolescentes y jóvenes en todas las provincias y el Distrito Nacional.

16.   Invitamos a los maestros a ser otros padres, educando a los alumnos como si fueran sus propios hijos. Pónganse en sus zapatos, comprendan su rebeldía, su situación familiar; conozcan sus tristezas, la falta de cariño, de afecto. Sientan orgullo de ellos: son hijos muy queridos de Dios; son importantes y podemos aprender mucho de ellos. Acójanlos con amor de padres, porque el amor cura todas las heridas; ofrezcan una educación con creatividad e iniciativas.

c)  A los miembros de la Iglesia

17.   Es hora de que ofrezcamos "modelos" que reflejen en sus vidas el estilo de Jesús, tal como lo vemos en el Evangelio. Vivamos con los adolescentes y jóvenes experiencias de necesitar y de ser necesitado por otros, de dar y recibir ayuda, experiencias de escuchar y ser escuchado, experiencias de contacto con realidades de marginación, experiencia de ser llamado y de ser enviado, experiencia de oración personal, de lectura de la realidad, de celebrar todo lo que están viviendo.

18.   Jesucristo, en el trato con los jóvenes es para nosotros un modelo perfecto. Su coloquio con el joven rico (Mt. 19, 16-3; Le 18, 18-30 y Me 10, 17-31) es fuente inagotable de reflexión y espejo limpio para revisar el compromiso pastoral con los jóvenes.

19.   Nosotros debemos ser accesibles como Cristo, demostrar apertura, benevolencia y disponibilidad frente a sus problemas, superar las resistencias para instaurar y crear aquel contacto, que puede definirse como diálogo de salvación.

20.   Frente a los adolescentes y jóvenes nos corresponde saber escuchar y saber responder, madurez interior, coherencia entre vida y enseñanza, oración,  unión con Cristo y docilidad al Espíritu Santo, instrucción adecuada y responsabilidad frente a la verdad, credibilidad y autoridad moral.

21.   Invitamos a las comunidades que cumplan con la misión en la formación y en el compromiso cristiano de los adolescentes y jóvenes. Vivamos la comunión y participación que nos exige ser Iglesia. Ofrezcamos espacios donde los adolescentes y jóvenes puedan sentirse seguros, puedan ser creativos y puedan descubrir que la Iglesia es acogida y comprensión.

22.   Comprometámonos con la dinamización de la Pastoral Juvenil, estructurándola con nuevo ardor, nuevo entu¬siasmo y nuevas expresiones a nivel nacional, diocesano, zonal, parroquial y comunitario, creando espacios de crecimiento personal, de relaciones de amistad, alegría y liderazgo; en conversión continua, con sentido de pertenencia a la Iglesia y en servicio a la comunidad.

Conclusión

23.   Queremos reconocer en nombre de toda la Iglesia a tanta gente buena, que en grupos, organizaciones comunitarias y sociales dentro y fuera de la Iglesia trabajan con los adolescentes y jóvenes.

24.   Valoramos el trabajo, muchas veces desconocido, de nuestros agentes de pastoral que sirven a los adolescentes y jóvenes en los centros educativos, oratorios, en las parroquias,  comunidades, grupos y movimientos apostólicos, tanto en los campos y como en las ciudades. Agradecemos al Señor, por sus desvelos, entrega y servicio.

25.   Exhortamos a los adolescentes y jóvenes a que asuman el protagonismo de su propia vida y vocación, ya que tienen dentro de sí la capacidad de abrir sus mentes y corazones para enfrentar la vida y realizar así de manera honrosa sus ideales y sueños, aportando a la sociedad nuevas propuestas de convivencia y sanas relaciones humanas.

26.   Invitamos a los jóvenes a encarnar los valores del Evangelio y a seguir las huellas de nuestros patricios, cumpliendo con los deberes ciudadanos, respetando las leyes, honrando a la Patria con sus símbolos, héroes y heroínas, y contribuyendo a la preservación del medio ambiente. Sean valientes. Atrévanse a proyectar un mundo mejor.

27.   Que María, Madre y Protectora del pueblo Dominicano, que ama con amor maternal a niños, adolescentes y jóvenes, nos bendiga a todos, a los padres y maestros, a la sociedad y su Gobierno, y a todos los que sirven a los adolescentes y jóvenes.



Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez,

Arzobispo Emérito de Santo Domingo,

Francisco Ozoria Acosta,

Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, Primado de América

Freddy Antonio de Jesús Bretón Martínez,

Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros

Gregorio Nicanor Peña Rodríguez,

Obispo de la Altagracia, Higüey

Presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

José Dolores Grullón Estrella,

Obispo de San Juan de la Maguana

Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano

Diómedes Espinal De León,

Obispo de Mao-Montecristi

Julio César Corniel Amaro,

Obispo de Puerto Plata

Víctor Emilio Masalles Pere,

Obispo de Baní

Fausto Ramón Mejía Vallejo,

Obispo de San Francisco de Macorís

Andrés Napoleón Romero Cárdenas,

Obispo de Barahona

Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez,

Obispo de La Vega

Rafael Leónidas Felipe Núñez,

Obispo Emérito de Barahona Administrador Apostólico de San Pedro de Macorís

Valentín Reynoso Hidalgo,

M.S.C., Obispo Auxiliar de Santiago de los Caballeros

Carlos Tomas Morel Diplán

Obispo Auxiliar de Santiago de los Caballeros

Ramón Benito De La Rosa y Carpió

Arzobispo Emérito de Santiago de los Caballeros

Fabio Mamerto Rivas Santos

S.D.B., Obispo Emérito de Barahona

Jesús María De Jesús Moya,

Obispo Emérito de San Francisco de Macorís

Antonio Camilo González,

Obispo Emérito de La Vega

Pablo Cedano Cedano,

Obispo Auxiliar Emérito de Santo Domingo

Amancio Escapa Aparicio, O.C.D.,

Obispo Auxiliar Emérito de Santo Domingo 

 

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Escrito Por Redacción R
Monday, February 27, 2017
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