El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, respondió de forma enérgica al llamado del mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, quien este fin de semana instó a La Habana a “llegar a un acuerdo” con Washington antes de que sea “demasiado tarde”, tras anunciar que el flujo de petróleo y dinero venezolanos hacia la isla quedaría interrumpido.
A través de su cuenta en la red social X, Díaz-Canel afirmó que “nadie nos dicta lo que hacemos”, subrayando que Cuba es una nación libre, independiente y soberana y que rechaza cualquier intento de injerencia externa. “Cuba no agrede; es agredida por Estados Unidos durante 66 años, y no amenaza; se prepara, dispuesta a defender la Patria hasta la última gota de sangre”, escribió el líder cubano en una serie de publicaciones.
Las tensiones entre ambos países aumentaron luego de la operación estadounidense en Venezuela, que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y que, según La Habana, dejó la muerte de 32 ciudadanos cubanos “en acciones de combate”.
El ataque ha obligado a Cuba a enfrentar un severo desafío económico, ya que Venezuela había sido su principal proveedor de petróleo a bajo costo durante décadas. Trump, desde su plataforma Truth Social, aseguró que “¡NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA! ¡CERO!” y urgió al gobierno cubano a negociar con Washington, aunque no detalló qué implicaría ese acuerdo ni qué condiciones se exigirían.
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, también rechazó las acusaciones del presidente estadounidense y defendió el “derecho absoluto” de Cuba a importar combustible de sus socios sin interferencia exterior.
Además de reafirmar la soberanía de la isla, Díaz-Canel subrayó que cualquier avance en las relaciones diplomáticas con Estados Unidos debe basarse en el respeto mutuo y el derecho internacional, no en “hostilidad, amenazas y coerción económica”.
Analistas internacionales coinciden en que la abrupta interrupción de los suministros de petróleo venezolano complicará aún más la ya frágil economía cubana, que enfrenta escasez de energía, alimentos y medicinas, al tiempo que alimenta incertidumbre sobre el futuro de los vínculos entre La Habana y Washington.